Constituirnos como un canal que permita elaborar propuestas, con el fin de que el desarrollo de Costa Rica sea una construcción colectiva donde todos y todas podamos tener ventanas de expresión, de crítica y de incidencia.

Los tiempos cambian, todo cambia. Nada más claro que la reciente cumbre de UNASUR, histórica por su apoyo rotundo al presidente Evo Morales en el intento de golpe de Estado que los prefectos del Conalde intentaron maniobrar junto a Washington.
Es evidente que el apoyo de América del Sur a Bolivia es un desafiante voto en contra de la política imperial de Washington. También, es evidente el silencio de México, Costa Rica, El Salvador y Colombia, los únicos cuatro países latinoamericanos que han preferido hacer salvedades para mantener el agrado del Tío Sam.
Con un mapa geopolítico tan distinto en la actualidad, las fuerzas de derecha del continente se han visto 'entre la espada y la pared', arrinconadas y solas. No hay espacio para aquellos miedos anti-comunistas de la Guerra Fría. Tampoco ha funcionado la satanización de los presidentes progresistas de la región.
El gobierno de los Arias, que había sido apoyado de manera servil por La Nación, hoy, con una popularidad bajísima solo comparable a la de Alan García en Perú, se encuentra en una ruptura con el Diario-Grupo Empresarial de los Jimenez-Borbon. La razón de la ruptura es clara, aunque en un principio no lo fue tanto; el ingreso de Costa Rica a Petrocaribe y el evidente cambio de tono del mandatario costarricense hacia el presidente Chavez, después de haber sido su mayor enemigo. Los constantes editoriales, paginas de opinión y otros materiales que se publicaron en semanas pasadas evidencian el miedo que se quiere propagar y el miedo que existe por parte de los medios comerciales (pertenecientes a la oligarquía) hacia esta nueva movida de Arias. Un Chavez bueno significaría una izquierda buena, cosa inaceptable para el Grupo Nación y la cúpula mediática.
Con esto definido, y las cifras de popularidad actuales, a duras penas podríamos creer que La Nación apoyaría al PLN en las próximas elecciones. El PUSC entonces aparece como una posible opción, posible pero lejana ya que Calderón no cuenta con legitimidad para ser endiosado por el diario y ademas fue La Nación que difundió de manera amplia las actividades corruptas del ex-mandatario.
Los recientes editoriales del medio critican fuertemente al gobierno de Morales, lo condenan e intentan proyectar lo sucedido en el país andino como un conflicto interno producto del 'autoritarismo' del presidente Morales, nada más lejos de la verdad. El mismo prefecto Leopoldo Fernandez ha confesado que el ordeno frenar la marcha de los indígenas, para lo que se utilizaron fuerzas paramilitares a sueldo que luego huyeron a Brasil.
Esta misma linea ha sido la que han reproducido los periódicos comerciales pertenecientes a la ultra-derecha. Periódicos como La Razón de Bolivia, maquina propagandística del Conalde, así como el periódico El País del grupo Prisa, reconocidos por sus intereses empresariales en el país andino y sus posiciones sesgadas favorables a la oposición.
Es evidente que todo ha cambiado. La Nación también. Ya no se trata de un periódico que miente por sus intereses nacionales y manipula la opinión publica, mas bien ahora es parte de esa 'vanguardia' neoliberal que esta dispuesta a apoyar a cualquier derecha, sin importar cuan fascista y criminal sea, con tal de evitar un futuro político para los movimientos sociales en nuestro país.
La Nación tiene una carta aun bajo la manga, un aliado poco criticado que refleja todo lo que se ha publicado en el diario y también personifica a esa derecha radical; Otto Guevara. Que no nos agarre por sorpresa el futuro libertario de La Nación.
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